
Pues no, Bárcenas no se fue de rositas. Ni Zaplana McLeod, alias «el inmortal de Carthago Nova». Por cierto, espero que se tenga la misma compresión con su grave enfermedad que la que los «bienpensantes» dispensan a los etarras revientaniños que padecen de lumbalgia o dolor punzante en la punta de del «pijo» al orinar. Y yo con estos pelos de quinto en vísperas...
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